Un encuentro inolvidable


Fernanda Lizárraga Contreras 4º “A”

2. Cuento realista

UN ENCUENTRO INOLVIDABLE



Su amo abrió la cochera y sacó el carro. ¡Dinko!, de inmediato vino corriendo hacia él, y este le señalaba para que subiera, Dinko de un salto ya estaba en el asiento trasero. Su amo se acomodó en el asiento delantero para conducir, ya a punto de arrancar le dijo:

-¡Vamos a dar un paseo por la ciudad!
Dinko estaba muy feliz que movía el rabo por tanta emoción, sacó el hocico por la ventana y el dueño se dispuso a arrancar, pero antes puso música en la radio.

Ya estaban en la ciudad, pero el carro se detuvo, Dinko vio un enorme tráfico, como si la calle fuera un estacionamiento, muchas personas estaban cargando bolsas que parecían sacos, en eso escucha el fuerte sonido de la bocina que hacían los autos, hizo que este ladrara, le molestaba mucho, la gente de los carros estaban impacientes.

-¡Muévanse!                                                                                                    
-¡Por Dios!, ¡¿no pueden avanzar?!

Dinko solo ladraba.

-Bueno Dinko espérame aquí, iré a comprar unas cosas, ya vuelvo.

El sonido de la puerta se escuchó, Dinko sabía que demoraría, así que salto por la ventana y cruzando por el enorme tráfico que había, solo quería conocer la ciudad, pero tampoco iba ir tan lejos. La gente lo miraba extrañamente y otros lo admiraban porque era un hermoso perro.

-¡Mira mami, qué hermoso perrito!
-Sí hijo, debe estar perdido.

La gente solo seguía su camino. Entonces olió algo rico y apetitoso, estaba colgado en un perchero puntiagudo de un puesto de carne, quería arrancharlo, pero no sabía cómo. Cuatro, cinco, seis pasos para atrás, decidido saltar, corrió con una gran velocidad y saltó como nunca había saltado, llegó a su límite y lo alcanzó, el gran filete de carne estaba en su boca. No faltaría la regañada del dueño del puesto que le dijo:

-¡Ya verás perro ladrón!

Sacó su escoba y lo correteó para que se fuera, Dinko salió corriendo pero satisfecho con su carne, llegó a un lugar seguro y se lo comió. Ya era tarde, ahora quería regresar con su amo, pero no se acordaba por donde había llegado, ya no estaba el gran tráfico. Estuvo buscando por un buen rato, hasta que anocheció, Dinko solo estuvo vagando por las calles oscuras. Encontró un parquecito donde había pasto y árboles, hacía mucho frio pero halló una caja de cartón y se refugió ahí. Estaba triste, quizás si no hubiera hecho eso, no estuviera perdido.

Al día siguiente. Dinko despertó por el mañana, decidido a buscar a su amo, partió de ese lugar. De nuevo ese tráfico y los sonidos fuertes que hacían los carros, le tenían loco, que cruzó la pista y un carro lo atropelló. Escuchaba los murmullos de la gente, parecían que estaban algo preocupados.

- ¡Está muerto!
- No, no lo está, solo está adolorido.
- Es cierto, aún respira.
- Además el golpe no fue tan duro.
- Lo llevaré conmigo.

Sintió que alguien lo alzó con una delicadeza que no le dolió mucho, miraba un poco borroso, pero eso no le quitó para que escuchara la dulce voz que le dijo.
-Estarás bien, yo te cuidaré.

Luego de varias semanas, Dinko ya convivía con su nueva dueña y también con una hermosa perrita que tenía y era de su misma raza. Su ama les sacó a pasear por el parque, estaban jugando con una pelota que rebotaba como un pin pon, su ama lanzaba la pelota y Dinko se la recogía y la llevaba hacia ella, en eso su ama lanzó la pelota muy lejos que cayó en los zapatos de alguien, Dinko se fue a recogerla, ya en el lugar donde cayó, el hombre volteó y con una gran sonrisa y poco dudoso dijo:

-¿Dinko eres tú?

Dinko reconoció esa voz y se lanzó sobre el haciéndole que este cayera, le lambía en la cara por la felicidad de encontrarlo después de un buen tiempo.

-¡Dinko mi gran amigo, nunca debí dejarte solo!

Llega su ama confundida de lo ocurrido.

- Disculpe, pero ¿este perro es suyo?
- ¡Si es mío, mucho gusto y gracias por haberlo cuidado!
- De eso no se preocupe, lo bueno es que ya encontró a su verdadero amo.
- ¿Le molestaría si la invito a mi casa hoy?

Su ama asintió y Dinko estaba en los brazos de su querido amo, con su rabo que lo movía de la alegría de haberlo encontrado.

Finalmente su amo y su ama se casaron después de dos años, Dinko también tuvo una mini boda con la hermosa perrita de su ama, ya que sus amos les consentían mucho y decidieron hacerlo. Todos los perros de sus amigos asistieron, hubo piscina y juegos y hasta bocaditos que los sirvientes le atendían a sus consentidos, y todos la pasaron de lo más divertido e increíble momento.



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