
Poema grupal
Son
montañas gigantes de ideas y emociones,
emociones
que pierden sentido al verso de una canción,
canción
de guerra de gritos pidiendo auxilio porque la amistad desaparece,
desaparece
sin decir adiós, sin alguna esperanza de volver.
Volver
al nido que entre columnas fuertes fue construida,
construida
para albergar a cuerpos frágiles, cuerpos compañeros de vida.
Vida
que sin piedad azota el palpitar desvalido de unos ojos tristes
tristes
aquellos muchachos que no saben respetar.
Respetar
las decisiones para no afectar los corazones,
corazones
que se ven rotos y en larga agonía,
agonía
que se repite día a día,
día
cruel, cuando al despertar se halla solo insultos.
Insultos
que decaen retumbantes en el pensamiento juvenil y tierno,
tierno
como un recién nacido abandonando el vientre de su madre,
madre
que llora intensamente por su retoño,
retoño
que al despertar retumba de golpes.
Golpes
que hieren el alma, insultos que matan mi ser,
ser
que lucha por un espacio de paz,
paz
anhelada que al compás del día se van perdiendo,
perdiendo
como el sol en la noche.
Noche
larga, sin sonrisas que perdura en el salón de clases,
clases
que se vuelven rutinarias al tic tac del reloj,
reloj
de 20 manillas que en un plop se
destruye,
destruye
sueños y metas al son de una canción.
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