¡JUVENTUD, ROMPE EL SILENCIO!
El acoso o violencia escolar
siempre ha existido, es un tipo de violencia que se manifiesta por agresiones (físicas,
psicológicas o sociales repetidas), que sufre el niño o niña en el entorno
escolar ocasionada por sus compañeros. Para distinguir el acoso es necesario
reconocer dos características que lo identifican. La primera es la existencia
intrínseca de una relación de poder (dominio-sumisión) que tiene el agresor
sobre quién es el agredido o acosado. La segunda es que, en el acoso, las
situaciones de agresión se presentan de forma reiterada.
En cada escuela se pueden
presentar casos particulares de acoso que deben ser estudiados. En la escuela no solo existen niños acosados y
estudiantes acosadores, ya que también existen porcentajes altos de la población
estudiantil que siendo víctimas también desempeñan el rol de acosadores
(estudiantes más débiles).
En el acoso escolar hay un des balance de poder entre
los que agreden y los que son agredidos, pues generalmente la víctima es más
débil (física o social mente) que el acosador y no tiene como defenderse. Los
niños víctimas presentan, en general, bajo rendimiento escolar, su autoestima
decrece a tal grado que llegan a aceptar las diversas formas de acoso aun
siendo conscientes que los están sometiendo a altos niveles de agresión (física
y psicológica).
Los estudiantes que son víctimas
se encierran cada vez más en sí mismos y se deprimen llegando a presentar altos
niveles de rechazo a la escuela (por temor a los compañeros, al trabajo escolar
o a algún profesor), por ello en general sean detectado las causas de su
rechazo a la escuela e incluso llegando a ser víctima de violencia
intrafamiliar por esta actitud.
La vida de estos niños se hace
más difícil cuando también son víctimas de reproches por parte de sus padres y
de sus profesores a causa de su bajo rendimiento académico. La escuela puede
identificar las situaciones de acoso a través de la programación de actividades
académicas, recreativas y de integración en los descansos. Se trata de que los
directivos docentes y docentes de cada establecimiento educativo estudien e
identifiquen las situaciones de acoso, ya que así puedan tomar medidas y
establecer normas de convivencia que, en todo caso, deben ser explicitas,
cambiantes y propias del entorno y las características de cada establecimiento
educativo.
Una estrecha relación entre la
escuela y la familia del alumno, tendiente a posibilitar la construcción de un
ambiente escolar apto para el desarrollo de competencias académicas. Este tipo
de acoso se ha vuelto una práctica frecuente en las escuelas de todo el mundo.
Afecta, además del desarrollo escolar del estudiante, su salud física y mental,
incrementando la presencia y la intensidad de enfermedades físicas y mentales (ansiedad,
depresión y adicción a las drogas). El acoso se está convirtiendo en un
problema de salud pública por lo tanto puede llevar incluso al suicidio.
Es necesario que se desarrollen
estrategias a nivel de las escuelas y de los medios de comunicación que
permitan identificar los síntomas del acoso escolar para que se brinde a los
niños y niñas, con el fin de que estas situaciones no lleguen a afectar su vida
futura. Así mismo, como se concluye en diversos estudios, se deben desarrollar
acciones para que se minimicen las situaciones de acoso en las aulas y en los
espacios comunes, volviéndolos lugares y ambientes seguros para el sano
desarrollo emocional, social e intelectual de todos los estudiantes.

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