CRUDA
AMAZONIA
Lejos, muy lejos de la civilización, en donde aún la selva peruana
es virgen, los animales guardan su lado salvaje, habitaban ciertos indígenas
que en su día a día cazaban peces, trepaban árboles y tarareaban canciones de
significado desconocido, se respiraba un aire purísimo y sobre todo reinaba la
paz entre la naturaleza y el hombre. En fin, estar allí era como un sueño, que
pronto se convertiría en una cruel pesadilla.
En un día caluroso, normal como todos,
se corría el rumor de que un grupo de excursionistas jóvenes y extranjeros
llegaron a instalarse en el centro de la selva, muy cerca a las cabañas de los
indígenas, esta noticia al parecer genero temor entre los habitantes, pero muy
serenamente caminaron hacia donde se encontraban ellos para conocerlos. Cuando
llegaron visualizaron un ambiente muy poco agradable y es que en tan poco
tiempo ya habían cortado un par de árboles, los indígenas se indignaron eran
sus árboles, era su hogar. Los excursionistas no se percataron que los observaban
y con mucha tranquilidad uno de ellos comenzó a grabar lo que acontecía desde
entonces, con esta primera impresión los indígenas lentamente se marcharon para
sus cabañas creyendo que sus visitantes los abandonarían pronto. Caía
la noche, y la oscuridad cubría todos los alrededores, apenas se podían ver las
sonrisas picaronas de un par de nativos. Los paiches se encontraban en su
punto, listos para saciar el hambre, cada familia se sirvió y poco después se
dispusieron a dormir. Todo esto lo contemplaban aquellos excursionistas que con linternas alumbraban el lugar, y no
dudaron ni un segundo en filmar la escena, cuando ya había un silencio
infernal, uno de los visitantes, sin decir más, disperso gasolina en un par de
cabañas de los nativos y les prendió fuego, asombrados los demás huyeron
despavoridos hacia el lugar donde se cobijaban. Gritos que parecían salidos del
mismísimo inframundo se oían a los lejos, el canalla causante de esto se alejó
riendo lentamente. Los nativos se dieron cuenta muy tarde, ya casi todo estaba
hecho cenizas. Aquel suceso acabaría con la mitad de los indígenas que
habitaban allí. Al amanecer, un pequeño grupo de nativos se encontraban
excavando hoyos profundos para enterrar a sus cadáveres, que ya no tenían forma
humana.
Los ataques de los excursionistas
hacia los indígenas al anochecer se hacían constantes y cada vez eran menos los
que quedaban en las cabañas. Cansados de sufrir atentados en su contra y en el de su hogar, decidieron organizarse y
poner fin a la tortura diaria. Eligieron la noche más oscura y fría para
ejecutar su venganza maquiavélica, los visitantes fueron rodeados y en la
madrugada uno a uno, cuerpo a cuerpo se encontraba atravesado por una lanza de
doble filo, para luego ser descuartizados y enterrados junto a los cuerpos de
los nativos víctimas de las almas impuras, que pagaron cruelmente el haberse
metido con la naturaleza y sus habitantes , poco antes de dar muerte al último
hombre, la cámara que se encontraba grabando cada suceso fue tirada al río. Ese
día la lechuza dejo oír su canto aún más fuerte.
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